«Hoy vengo a ti Padre, a tus brazos, porque Cristo es la puerta por la que entré y te hallé, ahora puedo reposar de mi obrar, en toda situación, para que tú seas el que obre y me use como instrumento de la expresión de tu amor, para gloria de tu Santo nombre. Amén»
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;”, Mateo 11:28-29
Hace unos años cuando recibí al Señor como Salvador, una de las primeras palabras que me llenó de esperanza y me conmovió fue la de Mateo 11:28-30
En ese momento cuando leí este pasaje, vino a mi una pregunta, ‘pero soy joven, ¿de qué voy a estar cansado?’, y mi respuesta fue reconocer que aunque tenía fuerza física realmente estaba cansado. Asombrosamente vino a mi el entendimiento de mi cansancio y de que este no provenía de la ausencia de fuerza física, sino de la ausencia de su presencia en mi vida, había tenido que luchar en mi propia alma, en soledad, sin propósito, y esto es lo más agotador para un ser humano. Estaba trabajado y cansado, sin Cristo en mi.
Entonces, ahora que inicié a aprender sobre el alma, y cómo gestionarla, entiendo mejor cuando el Señor dice: “hallaréis descanso para vuestras almas”. Nuestra alma se agobia y se cansa, porque nos apartamos del diseño original, incluso como creyentes, y no vivimos en el flujo espíritu, alma y cuerpo, como seres integrales, que dependen completamente de vivir en el Espíritu de Dios en comunión con nuestro espíritu, tomando la mente de Cristo y expresando en lo que hacemos, su obrar.
Muchas veces me he sentido nuevamente cansado, agotado, no necesariamente en lo físico, sino frustrado, por no cambiar o no hacer visible eso tan bonito que se ve en las Escrituras y andar en amor, es decir que haya coherencia entre lo que predicamos y lo que hacemos, pero el Señor me hizo notar que la pared es mi propio yo, que no soltaba las riendas, que seguía con mis habilidades queriendo incluso dirigir mi vida espiritual.
Comprendí por revelación, que en Cristo, todo está consumado, estoy completo en Él, Él es mi plenitud, Él llenó todos mis faltantes, me restauró en todo lo que perdí o no tuve y ahora estoy llamado a permanecer en Él y reposar de mi obrar, para que su vida exprese todo lo que yo no podía hacer: amor, gozo, paz, paciencia, todo su fruto. (Gálatas 5:22-23)
De esto se trata cuando Jesús dice “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”, de negarme a mis propios pensamientos, sentimientos y voluntad, para que la vida plena del Hijo, en la que el Padre me colocó, se exprese de manera espontánea.
Esto ocurre cuando llevo cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, voy a su reposo y descanso en el Pastor de mi alma, para que todo mi ser, Dios lo santifique por completo y mi espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tesalonicenses 5:23).
Hermanos, no nos cansamos por la multitud de ocupaciones que tenemos durante el día, sino por la ausencia de la presencia de Dios y su obrar en esas cosas que hacemos.
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12.04.2026
Los Diez Mandamientos fueron escritos por Dios en dos tablas de piedra y luego entregados a Moisés en el Monte Sinaí.Los Diez Mandamientos se encuentra en la Biblia, tanto en Éxodo 20:2-17 como en Deuteronomio 5:6-21.
Marcos 16:15-16, "Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado".
Pero, cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.(Hechos 1:8)
La última noche que el Señor estuvo entre los discípulos realizó una cena que representaría el Nuevo Pacto con la Iglesia. La Santa cena evangélica es una de las celebraciones más importantes.
La Iglesia es el cuerpo de Cristo, la morada de Dios por el Espíritu Santo, con el encargo divino de llevar a cabo su gran comision.
La humildad es la actitud virtuosa que se debe observar ante Dios, ante su superioridad y perfección, y en plena conciencia de que ha sido Él quien ha concedido la gracia de la existencia.
Pastor Jose Antonio Ocaña
19.04.2026
Pastor Jose Antoño
10.05.2026
Pastora Débora Llanos Ferreyra
26.04.2026
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